Siento que no tengo nada que contarle a mi psicólogo
Cuando la semana fue "normal", parece que la sesión no tiene sentido. Pero lo normal es justamente el material. Cómo encontrar tema cuando crees que no hay.
Hay semanas en las que no pasa nada. Trabajaste, dormiste más o menos, viste a alguien, el fin de semana fue tranquilo. Llega el día de la sesión y piensas: ¿para qué voy? No tengo nada que contar. Algunas personas hasta cancelan.
Esa sensación es muy común, y suele venir con una pregunta más incómoda debajo: ¿la terapia me está sirviendo o estoy pagando por charlar?
Vale la pena separar las dos cosas.
"No pasó nada" casi nunca es cierto
Lo que llamamos una semana normal es una semana en la que no hubo un evento grande. Pero la terapia rara vez trabaja sobre eventos grandes. Trabaja sobre cómo reaccionas a lo que pasa, y eso pasa todos los días, en cosas chicas.
En una semana "sin nada" probablemente hubo:
- Un momento en que dijiste que sí cuando querías decir que no.
- Una conversación que terminó y te dejó una sensación rara que no nombraste.
- Una noche en la que te costó dormir y no sabes bien por qué.
- Algo que postergaste otra vez.
- Una persona con la que no hablaste, a propósito.
- Un rato en el que te sentiste bien y no registraste qué lo causó.
Ninguna de esas cosas es "un tema". Todas juntas, son tu semana. Y ahí es donde tu terapeuta puede trabajar.
Por qué no las ves
Porque en el momento parecen menores, y porque para cuando llega la sesión ya pasaron dos o tres días y la memoria las archivó como ruido. Lo que queda es la sensación de "nada", que es la ausencia de eventos grandes, no la ausencia de material.
Hay otra razón, más sutil: cuando algo se repite mucho, deja de parecer un tema. Si todas las semanas terminas diciendo que sí a lo que no quieres, la quinta vez ya no lo registras como algo que contar. Es "cómo son las cosas". Justamente por eso vale la pena hablarlo.
Cómo encontrar tema en una semana "normal"
Cambia la pregunta
En vez de ¿qué pasó?, prueba con:
- ¿Qué me dio vueltas aunque fuera un rato?
- ¿Qué momento me hubiera gustado que fuera distinto?
- ¿A quién evité?
- ¿Cuándo me sentí bien, y por qué?
- ¿Qué se repitió respecto de la semana pasada?
Cualquiera de esas preguntas, respondida con honestidad, da para una sesión.
Registra lo chico durante la semana
Esto es lo que más cambia. Si en el momento en que dices que sí sin querer lo anotas (una frase, un audio), el jueves no tienes que "encontrar" tema: ya está. Y cuando lees tres o cuatro de esas frases juntas, casi siempre aparece un hilo.
Habla de la sensación de "nada"
Si llegas a sesión y de verdad no tienes tema, dilo tal cual: "esta semana siento que no pasó nada". Para muchos terapeutas eso es una puerta, no un problema. Puede llevar a hablar de cómo registras lo que te pasa, de qué consideras importante, o de por qué una semana tranquila te genera la sensación de estar perdiendo el tiempo.
Sobre la pregunta de fondo
¿Estoy pagando por charlar? Es legítimo preguntárselo, y la respuesta no siempre es no. Pero "no tengo nada que contar" no es evidencia de que la terapia no sirva. Muchas veces es evidencia de lo contrario: las crisis que te trajeron bajaron, y ahora el trabajo es más fino y menos visible.
Si la duda persiste varias semanas, la mejor persona para hablarlo es tu terapeuta. Preguntar "¿en qué estamos trabajando?" es una de las conversaciones más útiles que se pueden tener en un proceso.
Harmony te ayuda a que lo chico de la semana no se pierda: anotas o grabas en el momento, y antes de la sesión ves qué se repitió. Es un complemento a tu proceso, no un reemplazo.